Esta es mi historia

Profundiza en mi historia, de forma superficial o al detalle, para conocerme un poco más en profundidad.

Hay momentos en la vida que suponen un antes y un después. Esto ocurrió cuando, hace más de una década, empecé a estudiar el Grado Medio de Fotografía, donde me enamoré de la imagen. Es cuando me entra el gusanillo y sigo estudiando, pero esta vez la imagen en movimiento en el Grado Superior de Realización de Audiovisuales y Espectáculos. Ahí descubro la importante sinergia entre medios y anunciantes en una pequeña televisión local que en su día hizo historia en España. ¡Fue la primera cadena local en la península!

Es entonces cuando entro en la universidad y descubro, verano tras verano, una de mis pasiones: la Comunicación en todas sus vertientes. Desde el branded content, la política, el tercer sector, la planificación de medios, etc. Pero tenía una espina clavada: estudiar también el Grado Superior de Producción de Audiovisuales y Espectáculos. Finalmente, comienzo a estudiar Producción y termino por descubrir mi segunda pasión, respondiendo a la pregunta que me hacían de pequeño y que realmente no sabía contestar: "De mayor quiero producir y comunicar".

Seguí formándome en el Máster de Marketing y Publicidad Digital para especializarme en dicha materia, mientras lo compaginaba con el trabajo, el Grado en Periodismo y el Grado Superior de Animaciones 3D, Juegos y Entornos Interactivos.

En mis ratos libres, suelo jugar a videojuegos, pidiéndole a Alexa que me ponga la mejor música como acompañante. Aunque, si tengo otro rato libre, me encanta irme con un grupo de amigos a algún escape room a desafiar a la lógica y al ingenio.

Más en profundidad

Cuando comencé a estudiar bachillerato, tuve una crisis existencial. No me gustaba ni me sentía desarrollado. Necesitaba motivaciones que me empujasen a imaginarme cómo me gustaría ser dentro de unos años. Mi mente pedía metas tangibles para imaginarme como aquel profesional en el que voy consiguiendo convertirme. A coquetear con el destino usando la ley de la atracción. Tenía 18 años y mi madre fue muy clara: "estudias o trabajas". Y eso es lo que hice. Probé a trabajar, y en ese primer contacto con el mundo laboral, hizo que se despertara algo en mí. Un deseo imperioso que conllevaba invertir en un futuro mejor. El poder adquisitivo en mi familia no estaba para tirar cohetes, pero sí lo suficiente como para dedicar una parte a formarme. Comencé a buscar estudios relacionados con algo que me gustara cerca de mi Jerez natal. Es entonces cuando los fotogramas se cruzaron en mi camino.

Me decanté por estudiar fotografía, donde convivíamos perfiles muy diferentes que, a la vez, estábamos muy unidos como grupo. Durante esos dos años, podíamos ver por la ventana cómo trabajaban los compañeros de realización audiovisual, a los que ayudábamos en plató colaborando en lo que podíamos. Este acercamiento hizo que mi objetivo por aquel entonces fuera convertirme en técnico superior en Realización de Audiovisuales y Espectáculos. Al acabar, trabajé como becario en MediaMarkt vendiendo desde cámaras de fotos hasta teléfonos fijos.

Antes de empezar a estudiar Realización Audiovisual, tuve que apuntarme a un curso de preparación para la prueba de acceso de Grado Superior. Recuerdo que mi deseo por entrar en Realización Audiovisual era tan intenso, que conseguí aprobar la prueba sin problemas.

Los dos años venideros fueron mágicos. Hacíamos documentales, spots, cortometrajes, cada alumno, su propio programa... Tenía tanta energía que surgió comenzar a trabajar en la televisión local, donde Toñi Moreno comenzó a dar sus primeros pasos profesionales. Por aquel entonces, creé un personaje y recorrimos el equipo la provincia de Cádiz. Buscábamos contenido dentro del frenético ocio nocturno. Cada noche, me llevaba el material a casa a primera hora, lo descargaba en mi portátil y lo dejaba listo para emitirlo en directo al siguiente día de emisión.

El canal empezó a tener más espectadores, y las llamadas de empresarios a las oficinas eran constantes para que acudiéramos a hacer publirreportajes. Todos querían que entrevistara a sus clientes delante del cegador foco de led que portaba la cámara. Después de ver esto, le propuse a los directivos un reto: innovar y crear un magazine semanal que se llamaría "Que no te enteras", capitaneado por tres protagonistas. Movidos por la curiosidad, aceptaron y me concedieron el espacio. Invertí en decoración, escribí los guiones, hice un duro casting para encontrar a los conductores y colaboradores perfectos del programa... Todo era muy frenético e iba sobre ruedas. Conseguí, junto con la que era mi compañera, todo lo necesario para sacar el proyecto adelante. Lo que no imaginaba era que el mayor antagonista sería la publicidad. ¿Cómo le digo a medianas y grandes empresas que se anuncien en una televisión local? Esta pregunta fue la culpable de que empezara mi época universitaria estudiando Publicidad y Relaciones Públicas.

people near building during day
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Ya contaba con cuatro años de experiencia profesional, con lo cual, iba a exprimir los próximos cuatro años de carrera trabajando y estudiando. Una revista de moda, una ONG, FNAC y el Grupo Prisa, junto con la universidad, serían los acompañantes que harían que me despidiera de la costa gaditana cada verano, a cambio de convertirme en un mejor profesional. Campañas casi nacionales, un premio nacional, experiencia... Todo eso predominaba frente al asfixiante calor de la capital hispalense.

Cuando terminé, notaba que algo me faltaba. Me mudé a Triana y me matriculé en el grado superior de Producción de Audiovisuales y Espectáculos. Ahí fue cuando conocí a los profesionales con los que, más tarde, me aliaría para emprender bajo el nombre de ADesing Comunicación. Todo se desarrolló bien, solo que era el primer año de vida de la empresa y los beneficios no eran los suficientes. A grandes males, grandes remedios, dicen. Es entonces cuando Apple Maps llega a mi vida como una bendición, después de una dura búsqueda de empleo con los pocos ahorros que me quedaban. Me asignaron Cataluña y estuve mapeando toda la comunidad autónoma catalana. Al final del proyecto, surgió trabajar en Ferrari Land (PortAventura World). ¿Quién no ha deseado nunca trabajar en un Parque de Atracciones referente a nivel mundial?

Una vez llegada la temporada baja en el parque, me trasladé a Madrid a probar suerte y, para mi sorpresa, estuve trabajando en una serie internacional. Estaba en un sueño, pero era temporal. Las producciones no duran para siempre y el paro únicamente me daría para unos meses, así que seguí buscando trabajo hasta que entró España en estado de alarma.

Tuve la suerte de entrar en un proyecto europeo donde pude recorrer varios meses todas las carreteras del norte de Francia, Suecia, Polonia, Finlandia y Noruega, para la actualización de Apple Maps. A mi llegada, tras desarrollar un curso de marketing digital, he aplicado los conocimientos para Amazon en Global Commerce Media y, meses más tarde, comencé a trabajar para ING Bank en el departamento de mantenimiento y de tarjetas, ayudando a los clientes a solventar los problemas del día a día.

ING ha sido una época muy positiva que me ha hecho crecer personal y profesionalmente dentro del ámbito bancario. Pude hacer un colchón e invertí parte de ese dinero en la formación que me faltaba, matriculándome en el Máster de Marketing y Publicidad Digital de la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid.

Aunque mi principal objetivo es trabajar, ahorrar y el máster, descubrí el Grado Superior en Animaciones 3D, Juegos y Entornos Interactivos, donde aprenderé producción y realización audiovisual pero, esta vez, en el entorno de los videojuegos. Esto compaginándolo con el Grado de Periodismo en la Universidad UDIMA de Madrid. Nunca imaginé que en segundo de carrera en Sevilla, conocería el mundo del periodismo y se convertiría en una asignatura pendiente que más adelante empezaría a cursar poco a poco.

Últimamente, he vuelto como autónomo, aproveché toda mi experiencia para hacer un evento solidario familiar pet friendly con todas las protectoras locales donde se recaudó tres carros solidarios valorados en 250 €.

Después de tantos años estudiando publicidad, comunicación, televisión, marketing, emprendimiento y diseño, la vida parecía haber decidido llevarme por un camino completamente distinto al que había imaginado cuando era estudiante. No era frustración. Era incertidumbre.

Durante mucho tiempo me pregunté si todo el esfuerzo había servido realmente para algo. Había invertido años en formarme, había realizado cientos de proyectos, había enviado currículums, había intentado abrirme camino en un sector tremendamente competitivo y, aun así, las oportunidades seguían llegando por lugares completamente diferentes.

Con el tiempo entendí que la vida no siempre te lleva por el camino más corto. A veces te obliga a recorrer otros para prepararte para el que realmente te corresponde. Fue entonces cuando entré a trabajar en Orange España.

Muchos podrían pensar que aquel puesto simplemente consistía en vender teléfonos móviles o contratar tarifas, pero para mí supuso algo mucho más importante. Por primera vez conocía desde dentro el funcionamiento de una gran empresa del sector de las telecomunicaciones. Aprendí cómo se gestionaba una tienda, cómo se organizaba un equipo comercial, cómo se resolvían incidencias técnicas y, sobre todo, cómo cada cliente tenía una necesidad completamente distinta.

Durante aquellos un tiempo descubrí que vender nunca había consistido en convencer a alguien de comprar algo. Consistía en escuchar. En entender qué necesitaba la persona que tenías delante y encontrar la solución más adecuada para ella.

Años después comprendería que aquella experiencia sería una de las piezas fundamentales para construir Hocico Phone.

Mientras tanto, seguía aceptando pequeños proyectos como diseñador y especialista en marketing digital. Algunos consistían únicamente en diseñar un logotipo; otros, en desarrollar una página web desde cero; otros, en ayudar a pequeños negocios de Jerez a mejorar su presencia en Internet.

Trabajé junto a Miguel Beato desarrollando su identidad visual. Colaboré con Bar El Tambucho creando su página web y poniendo en marcha su presencia digital. Participé en el lanzamiento de nuevos productos de Scannice desarrollando campañas, material comercial y estrategias de posicionamiento. Más adelante llegaría también Ohana Spain Store, otro proyecto que me permitió seguir creciendo como profesional independiente.

Nunca vi aquellos trabajos como simples encargos.

Cada proyecto representaba una oportunidad para aprender algo nuevo, enfrentarte a un problema distinto y seguir construyendo experiencia. Poco a poco comprendí que la mejor escuela no siempre estaba en las aulas. Muchas veces estaba al otro lado del teléfono o delante de un cliente que depositaba toda su confianza en ti.

En paralelo apareció una nueva oportunidad profesional: ING Bank.

Fue una etapa completamente diferente a todo lo anterior. Pasé de trabajar en un entorno comercial a hacerlo dentro de uno de los bancos más importantes del país, donde la responsabilidad era mucho mayor de lo que imaginaba antes de entrar.

Cada llamada podía significar un problema importante para el cliente. Una tarjeta bloqueada durante un viaje. Una operación sospechosa. Un cargo que no reconocía. Una incidencia bancaria que necesitaba resolverse con rapidez.

Aprendí a mantener la calma incluso cuando la otra persona estaba nerviosa. A comunicar con claridad. A gestionar información sensible siguiendo protocolos muy estrictos. A trabajar con herramientas internas especializadas en prevención del fraude, gestión de tarjetas y seguridad bancaria.

Fue una etapa que me enseñó algo que ninguna universidad explica: La confianza.

Porque una marca puede tener el mejor diseño del mundo y la campaña publicitaria más espectacular, pero si el cliente no siente que puede confiar en ella, todo lo demás pierde valor.

Poco después también llegaría ASISA.

Allí trabajé gestionando citas médicas para pacientes de toda España. Aunque el trabajo era completamente diferente, volvió a repetirse el mismo aprendizaje: escuchar antes de actuar.

Cada conversación escondía una realidad distinta. Personas preocupadas por una prueba médica, familias intentando reorganizar una cita, pacientes mayores que simplemente necesitaban que alguien les explicara las cosas con tranquilidad.

Sin darme cuenta, todos aquellos empleos estaban construyendo una forma de entender la atención al cliente que años después terminaría convirtiéndose en uno de los pilares de mis propios proyectos.

Durante mucho tiempo pensé que aquellas experiencias me alejaban de mis sueños.

Hoy sé que ocurrió exactamente lo contrario. Cada una de ellas me enseñó algo que ninguna otra habría podido enseñarme:

  • Orange me mostró cómo funciona el sector de las telecomunicaciones.

  • ING me enseñó la importancia de la seguridad, los procesos y la confianza.

  • ASISA me recordó que detrás de cualquier gestión siempre existe una persona.

  • Y los proyectos freelance mantuvieron viva esa parte creativa que nunca dejó de acompañarme.


Con el paso de los meses empecé a hacerme una pregunta que cada vez aparecía con más frecuencia. ¿Y si toda esa experiencia pudiera unirse en un mismo proyecto? ¿Y si fuera posible crear una empresa donde la creatividad, la comunicación, la tecnología, las experiencias y la solidaridad dejaran de funcionar por separado?

Esa idea comenzó siendo apenas un cuaderno lleno de notas. Después se convirtió en un mapa de proyectos. Y finalmente terminó dando lugar a Hocico Experience SL. No quería crear simplemente una empresa. Quería construir un ecosistema.

Un lugar donde cada marca tuviera personalidad propia, pero donde todas compartieran un mismo propósito: demostrar que era posible emprender generando impacto económico y, al mismo tiempo, impacto social.

Así comenzaron a nacer, una tras otra, las distintas piezas del proyecto:

  • Hocico Fest como punto de encuentro para familias, empresas, asociaciones y protectoras.

  • Hocico Media como agencia creativa promovida por talento femenino.

  • Hocico Sound como una nueva forma de contar historias a través de la música.

  • Hocico Aroma, con perfumes de equivalencias premium, Hocico Go y Hocico Protege para conseguir recaudación mediante códigos de referidos y, finalmente, Hocico Phone, el proyecto que resumía gran parte de todo lo aprendido durante los últimos años.


La idea era sencilla, aunque enormemente ambiciosa: demostrar que una operadora de telefonía podía competir ofreciendo un buen servicio y, además, convertir parte de sus beneficios en ayuda directa para el bienestar animal y diferentes causas sociales locales.

Para garantizar que ese compromiso no dependiera únicamente de las empresas, también decidí dar un paso más:

Así nació la Asociación Hocico Solidario. No como un complemento del proyecto.

Sino como una pieza imprescindible de él: Sería el corazón que bombearía y uniría impacto con bienestar animal y fines sociales. Porque siempre he creído que una empresa puede generar beneficios sin renunciar a mejorar la sociedad en la que desarrolla su actividad.

Poco después comenzaron a llegar reconocimientos que jamás habría imaginado cuando escribía aquellas primeras ideas en una libreta:

Entre ellos, el Árbol de UNIPER, probablemente uno de los premios con mayor carga emocional que he recibido hasta la fecha. Una obra artesanal donde cada mano representa a uno de los niños con enfermedades raras que forman parte de la asociación y que simboliza que ninguna familia debería recorrer ese camino en soledad.

A ese reconocimiento se sumarían los Premios Empresa Social 2026, donde Hocico Phone fue distinguida por su innovación, su modelo de emprendimiento social y su compromiso con el bienestar animal, consolidando un proyecto que apenas acababa de comenzar su recorrido.

Mirando hacia atrás, entiendo que ninguna etapa fue casual. Todas tenían un propósito. Todas terminaron encontrando su lugar dentro de la historia.

Y probablemente esa sea la mayor enseñanza que me ha dejado este camino: que, aunque durante años parezca que tu vida avanza en direcciones completamente distintas, a veces todas ellas terminan convergiendo exactamente donde debían hacerlo.

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